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miércoles, 19 de enero de 2011

stOp!



No hay mayor peligro en la "adaptación al medio" que el de terminar inadaptada. ¡Átame estas piernas!


P.D: será mejor correr las cortinas, y sobretodo, será mejor que te marches...

jueves, 15 de julio de 2010

Des - encuentros...

- A veces y solo a veces… ¡es de lo más normal!
- ¿Pero cómo puedes decir eso? Es antinatural todo el mundo entiende lo obvio.
- No se trata de entenderlo, yo primero necesito sentirlo.
- Pues debe hacer mucho que no recuerdas lo que significa esa palabra.
- ¿Obvio?
- No, aquí lo único obvio es que te has olvidado de lo que es sentir, sentirte a ti misma…


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La tarde estaba cargada, a decir verdad las últimas doce tardes habían estado cargadísimas. Unas de hostilidad, otras de paciencia, otras de empatía y otras de vacío por paradójico que pudiera ser. Entre tanto nuestra tejedora de cabellos parecía más “desviada de lo habitual”, al parecer visitar instituciones y hospitales ya fuese por percances propios o ajenos no la dejaba en buen estado, no necesitaba medicación, necesitaba tiempo y nadie la entendía, o por lo menos nadie que creyera que el tiempo era aquello que podías contabilizar en horas, minutos, segundos, años, números o como buenamente quisieras. La cantidad no era nada, era un adorno, lo que verdaderamente indicaba cuando alguien tenía tiempo era el empleo que se pudiera hacer de este, la posibilidad de decidir en qué y con quién invertirlo… Así que de la manera más elocuente, cualquiera podría deducir que no era lo mismo perder horas en la cola del supermercado que hacerlo con una tarrina de Häagen-Dazs –obligatoriamente de sabor choc choc chip- en el sofá de casa.

La soledad siempre fue una amenaza para ella, la más dura y la que además imponía consigo odiar a los gatos -no sea que con eso de cogerles apego fuese a terminar rodeada de ellos algún día- pero de repente todo estaba cambiando a pasos agigantados y vagar por la vida cual espíritu libre ya no era algo que le dijera nada nuevo. ¿Neurótica? No, eso jamás, de haber sido una de esas neuróticas cualquiera solo habría odiado a los gatos negros y ella tenía un motivo que le permitía odiarlos a todos, no estaba peleada con el mundo y si lo estaba al final daba igual porque el caso es que de haberse sentado consigo misma dos años atrás en una cafetería para charlar sobre ciertos asuntos no habría llegado a este punto.

Tras ver como una semana más se le escurría entre sus delicadas manos aun sin sentir que el tiempo pasaba por ella decidió volver al lugar dónde había empezado su inmersión en este caos, sabía que no aguantaría mucho tiempo más así que cerró los ojos y viajó a penas dos años atrás con el afán de encontrarse a sí misma en alguno de los lugares que frecuentaba por aquel entonces y mantener así una conversación. Había llegado el momento de reiniciar. Después de unas ocho horas de intensa búsqueda por antros que apestaban a rock duro y en los que se escuchaba el humo expirado más que la misma música, se rindió y recordó que tenía pendiente asomar su cabeza a unos cuantos coches ajenos que no dejaban de resultar familiares, pero esta vez tampoco hubo suerte así que se resignó y comenzó a transitar un sin fin de extensas playas hasta dar finalmente con aquella chica de piel dorada, pelo multicolor y mirada despreocupada. Ya casi habían pasado tres minutos cuando se dio cuenta de que había estado mirándola absorta, entonces respiró profundamente y se dirigió hacia ella con un aire taciturno pero decidido, para con un solo dedo tocar su espalda a la espera de cualquier tipo de reacción (sabía perfectamente que si la primera mirada transmitía decepción su regreso habría sido el error que la terminase de derrumbar).
Después de recoger levemente su larga melena (algo más rizada de lo que la tejedora recordaba) se levantó de aquel manto de arena rubia con piedrecitas granate intercaladas, se giró con la más dulce de las sonrisas y habló con una espontaneidad que al parecer se había ido desmadejando poco a poco con el paso del “no tiempo”.

- Sabía que volverías, te estaba esperando…

- Lo siento, no pensé que fuese a marcharme tan lejos, o no por tanto tiempo, pensé que sería la misma, que resistiría.

- Tranquila, siempre supe que encontrarías el desvío adecuado y fue eso lo que me hizo sentir orgullosa cuando te vi irte tan llena de ilusiones por volver a encontrar un rincón donde ubicarte. Lo que todavía no entiendo y me preocupa es como después perdiste la capacidad de volver a empezar, de albergar dudas sobre cual sería el momento de volver a partir y cómo hacerlo. Cómo perdiste las ganas de crecer…

- Supongo que yo tampoco estoy feliz con todo ello, de hecho, es ese el motivo de mi regreso, creo que ha llegado el momento de reiniciar, de tirar las estructuras, de quemar los planos, de correr hasta quedarme exhausta y entonces… inhalar la magia que siempre me empujó a empezar de nuevo.

- ¿Y bien?

- No recuerdo cómo hacerlo…

- ¿Es que acaso te has vuelto tonta? ¿Tanto me has abandonado? ¿Tan rápido te has olvidado de quién eras? Estos últimos meses, casi año que te niegas a contar, ha pasado… ¡y es obvio! Y lo es aun más que hace ya mucho debiste reiniciar, ¿es que no percibes vislumbres de la aterradora rutina en la que llevas presa todo este tiempo?

- A veces y solo a veces… ¡es de lo más normal!

- ¿Pero cómo puedes decir eso? Es antinatural, todo el mundo entiende lo obvio, normal sería que hubieses intentando rescatar tu vida hace ya bastante.

- No se trata de entenderlo, yo primero necesito sentirlo.

- Pues debe hacer mucho que no recuerdas lo que significa esa palabra.

- ¿Obvio?

- No, aquí lo único obvio es que te has olvidado de lo que es sentir, de sentirte a ti misma…



De repente habían pasado ocho horas y dos años habían vuelto a correr hacia delante bañados en un sudor frío, sin despedidas y sin promesas. Solo quedaba una imagen difusa de aquella joven que de alguna manera parecía haber vuelto y unas ganas inmensas de salir a la calle, de volver a recrearse con cada baldosa pisada y con cada persona que se cruzara en su camino. Sin esperarlo vio como algo brillante rodeaba su muñeca izquierda, era un reloj de amplia esfera… y entonces lo entendió todo, ya no habrían más ausencias, no volvería a olvidar llenar de intensidad cada uno de los golpes de segundero que la acompañaban, sus golpes de segundero y los de nadie más, su propia vida, a la que habría de querer como nunca para jamás volver a desenamorarse de sí misma.




[“Tan solo es un sueño que sueña con ser mejor…”]

miércoles, 26 de mayo de 2010

Sabiduría en el W.C

Despertó frente a un largo espejo, en él veía tres puertas de madera perfectamente cerradas a las cuales le estaba dando la espalda en ese mismo instante, a su derecha tenía una ventana y un secador de manos y justo enfrente, a sí misma con una mirada penetrante y seca (propia de llevar unas horas leyendo sabe dios que “porquerías”, en cualquier caso no se lo pregunté). En medio de un dulce ataque de narcisismo acompañado del sutil movimiento de dedos que poco a poco intentaba desmadejar aquel enorme cabello parecía relajada. Denotaba expresión de espera, lo cual confirmaría con un rápido giro al escuchar el movimiento de picaporte de una de las puertas, tercera puerta a la izquierda, “estamos de suerte, mi opción favorita” se dijo, dos pasos y de repente casi se estampa con aquella vistosa rubia de pelo rizado y ojos azules (¿o verdes? A quién coñ*** le importará... pensó indignada) a la par que con el horrible hedor que procedía de entre aquellas tres paredes que la chica se disponía a abandonar, y fue justo en ese incómodo momento en el que se percató de que ese rostro le sonaba y no por casualidad, fuese como fuese solo había tiempo para cerrar la puerta y realizar las tareas pertinentes, pero eso sí... acompañada de la tan tremenda sabiduría que sólo se puede encontrar en un baño público (paradójicamente en el de una biblioteca).

A voces se repartían distintas perlas de un caótico collar cuya dueña parecía querer arrojar a la basura, que si matrículas de coches, que si vuelco de riñones, que si decepciones y crisis de celos ante la posible pérdida de una mejor amiga y de aquel amado lleno de insensatez y falto de piedad que el tiempo le estaba ayudando a olvidar... “¡OH DIOS, ESE HOMBRE NO TENÍA CORAZÓN!” (ni ella tantos cleenex como para mantenerse a salvo de aquel drama), nunca dos minutos habían dado para tanto, en un abrir y cerrar de ojos o de puerta en su defecto, nuestra tejedora de cabellos creía haberse trasladado a una cursi y pesimista escena de “Sexo en Nueva York”, ¿pero qué le había hecho al mundo? ¿De verdad era necesario que le brindara sin previo aviso (o una pequeña dosis de anestesia como mínimo) a dos féminas inmersas en el fulgor de la batalla que diversos desamores habían desencadenado? Sólo quería hacer pis y marcharse, no debía ser tan complicado.

Por fin llegó el silencio y con él el momento de salir a lavarse las manos y hacerse una trenza, no habían ganas de elaborar duelos propios ni de seguir lanzando maldiciones a aquella “peligrosa rubia”, quizás tampoco de seguir leyendo, pero fuera como fuese esa triple negación no la libró del temeroso e inquietante bombardeo de una frase que indudablemente suponía el cierre de aquel collar, el cierre de todo collar de estas lustrosas características; "físicamente lo confirmas, porque la mente se puede controlar pero el cuerpo no..."

¿Tantas eran las cosas que le quedaban por confirmar que no podía cesar aquel repetitivo frenesí semántico? Por lo pronto demostró conformarse con deshacer la reciente trenza ladeada que trepaba desde su pecho hasta su nuca y agitar su larga y ondulada melena como si en ello se le fuese la vida, luego regaló una sonrisa a su propio reflejo con la ayuda del interminable espejo que tan entretenido le había resultado a su llegada y decidió dejar fluir sus pensamientos, quizás esa fuese la primera de tantas trenzas, el primero de tantos nudos...

P.D: la vi irse por el mismo pasillo por el que había venido, iba jurando que la próxima vez iría al baño de hombres, recordándose con tono alegre que alguien le había comentado que justo en su baño favorito (el tercero a la izquierda) había una ventana que lo inundaba de luz, “la verdad es que no sonaba nada mal”. Ciertamente parecía estar algo loca.

[Con mi pena tristeza se hace una trenza y después la pasea por cada mirada.]

*De alguna manera esta entrada va dedicada a las dos personas culpables de hacerme reir al mencionar las palabras espejo y frenesí, hace ya bastante que me seducía la idea de introducirlas en un mismo texto, y ¿porqué no? ¡gracias a esas mujeres que visitan el W.C llenándolo de vida a su paso con las más peculiares “batallas” aun si el momento no es el más adecuado!